Reaccionemos en Cadena.

La Cancilleria de Colombia seleccionó a la agencia creativa Vega y Jaramillo para producir esta campaña que tiene como lema “Reaccionemos en Cadena” para sensibilizar al público sobre el tema del tráfico de personas,

El video está en el canal de You Tube de la Cancilleria (link) y el “detras de cámaras” (link).

La intención es usar el formato “reality” y chocar a la gente. Es mostrar la insensibilidad general del público hacia la victima, y como (por fin) alguien espontáneamente reacciona y ayuda a la “victima”, para al final ser rescatada por el estado (policia).

Aunque la idea puede ser buena, la ejecución es burda y simple. Victimizar a una persona no le da fuerza al argumento. La campaña gira alrrededor de un concepto negativo (“cadena” / retención) y simplemente lo ejecuta (“encadenar a la victima”) para generar una “reacción en cadena” que al final, libera a la victima.

El video es violento. Victimiza a una persona, y usa la indefención de la victima para generar una reacción.

No estoy de acuerdo con el creativo en que el formato “reality” y el choque es el lenguaje de los medios sociales para sensibilizar a la juventud. En Colombia ya estamos anestesiados por la violencia diaria y cotidiana. La ejecución de esta campaña es como apagar un incendio con gasolina.

Es una campaña dirigida a un consumo interno de Colombia, y mas apropiada para denunciar la problemática del secuestro, seria perfecta para la fundación “Pais Libre” o similares, pero no para la Cancilleria.

La función fundamental de la Cancillería es representar al Estado Colombiano y ser el primer punto de ayuda y asistencia para los Colombianos en el exterior, las verdaderas victimas del tráfico humano.

Un concepto tan sencillo como “Quitarte el Pasaporte Colombiano es quitarte tu Identidad” sería una campaña con un concepto limpio, sencillo, positivo, y muy real para los Colombianos que viven en el exterior. “Le pintaron pajaritos en el aire”, llega, suena, y tambien trabaja la realidad del trafico de personas, quienes emigran del país con la ilusión de encontrar un futuro mejor, pero terminan siendo explotados en el extranjero.

Al final, la campaña es para la problemática equivocada, y la ejecución no es la mejor.

 

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Bogotá Acida

Natalia Ponce de 33 años fue atacada con ácido en la portería del edificio donde vive en Bogotá. De nada valieron ni la exclusividad del edificio, ni el barrio, ni la vigilancia privada. Alguien diciendo ser su ex-novio llegó a la portería solicitándola. Ahora se encuentra iniciando una dolorosa recuperación de sus heridas físicas (quemaduras químicas en el 30% de su cuerpo) pero las heridas emocionales después de semejante acto de barbarie tal vez no sanen nunca.
Facebook y Twitter piden justicia, fotos, mensajes, y muñequitos de plastilina tratan de movilizar una conciencia ciudadana dormida, un like y un retweet son las expresiones más comunes, los mas conscientes hacen un plantón público en el parque El Virrey.
En Colombia, el caso de Natalia, es uno mas en un mar de casos de violencia, una estadística más, otra recompensa de 5 millones por cualquier información, otro caso impune.
No es endurecer las penas, o esperar a que el Estado actúe, o prohibir la venta de ácido.
Hoy me siento avergonzado de pertenecer a una sociedad donde la violencia diaria y pura deja ocurrir impunemente semejante acto de barbarie y donde no pasa nada.