Como aprendí a odiar Star Wars

Una de las memorias mas atesorádas que tengo con mi Papá, era cuando me llevaba al cine. Uno de esos cines viejos en la zona de Chapinero en Bogotá, grande, amplio, con taquilla en la entrada, y otra puerta para hacer fila al entrar, y algún vendedor ambulante de papitas y demás comida de paquete, y el carrito del maíz pira. Hasta donde me acuerdo, nunca compré comida en el cine, era simplemente ir en carro, con mi papá al cine, hacer la fila para comprar las boletas, y la otra fila para entrar unos minutos después.

Ir al cine todavía era mágico, era una ocasión especial, era un acontecimiento digno de recordar, una oportunidad memorable. Películas como Cinema Paradiso o Hugo, recrean la mágia que era ir a cine y ver una película proyectada en una grán pantalla blanca plateada, los cortos, las propagandas, en otras épocas las noticias en blanco y negro, como única oportunidad de saber que pasaba en el mundo mas allá del horizonte. Me acuerdo todavía que se aplaudia y abucheaba al proyector, para que iniciara la proyección, se aplaudia cuando empezaba la película, era normal que el filme se quemara frente al proyector, pausa, luces, la película se cortaba, remendaba, y embobinaba otra vez, y vuelta a arrancar, ante las iniciales protestas y aplausos posteriores del público cuando se reanudaba el espectáculo.

Al final, quedaba el recuerdo de la historia proyectada, la memoria de haber compartido un momento con mi papá y la familia.

Despues vino la televisión, y las películas llegaron a nuestra casa, sin necesidad de salir. Sin embargo, no había un control sobre cuando iba a volver aquella película para repasar, los canales de televisión anunciaban las películas para los festivos, o las noches del sábado.

Despues vinieron las cintas de Beta o VHS y los reproductores, y los negocios como Betatonio, meses después de que la película fuera proyectada en premiere en las salas de cine, los productoras y distribuidoras sacaban las cintas al mercado y se podian alquilar, ahora ya se podian ver o repetir una película en la comodidad del hogar, sin salir,  cuando se quisiera.

Volviendo a mi relación con Star Wars, vi en cine la trilogía original con mi familia a lo largo de los años, y las repetí una que otra vez en la televisión. Recuerdo una Semana Santa, estando en el colegio, un amigo logró tener las tres películas originales, remasterizadas para VHS en inglés, y en un acto de desafío adolescente y juvenil, no participé en las sagradas celebraciones de la Semana Mayor para objeción de mi Madre, y con mi amigo, terminamos en su casa viendo las trilogía en fila 9 horas hasta la madrugada.

Años despues, ante gran expectativa publicitaria, Lucas empezó las “prequels” de Star Wars, y aunque ya fui al cine, solo o con amigos a verlas, era a los cines y multiplex de los centros comerciales, salas mas pequeñas, empezaban las proyecciones digitales con mejor sonido, pero algo de la magia estaba desapareciendo, la experiencia era diferente.

Y llegaron los DVD, y mi esposa y compinche en el crímen de amar, me regaló una Navidad o un cumpleaños la caja con la trilogía original, e hice sufrir a mi amorzote, con la trilogía en línea, reviviendo la historia, como hice años antes en mis años de colegio; pero esta vez, en DVD, en la pantalla de 21 pulgadas de un gran televisor de tubo.

Y luego llegaron mis hijas, y los computadores como “media centres”, conectados al televisór LCD de 42 pulgadas, y las películas en archivos digitales, que pueden ser reproducidos múltiples veces, en múltiples aparatos, ad nauseam.

Y se pierde la magia, las películas pueden ser repetidas en la comodidad del hogar o en un tablet o en un celular, instantáneamente, con solo presionar una tecla, o el botón de un ratón. Y con las resoluciones extremas de millones de píxel con color real, donde la tecnología permite procesar imágenes con una mayor resolución y profundidad de colores de la que el ojo humano puede distinguir, los efectos hechos a mano por artesanos en la trilogía original se ven entrañables y viejos, y los efectos hechos en computador de las “prequel” se ven plásticos y falsos, y despues de repetir las películas cientos de veces, aprendí a odiar Star Wars.

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