Visitando El País del Sagrado Corazón

Las realidades de nuestro destino se empezaron a sentir horas antes de llegar.

La sorpresa al encontrar en la pasarela de abordaje para nuestro vuelo, tres perros antidrogas olfateando y otros tantos oficiales de la CBSA en trajes de fátiga, interrogando pasajeros, abriendo maletas y haciendo preguntas. Por supuesto, el destino era Bogotá, capital de Colombia.

Los pasajeros que abordaron en Toronto, callados, sumisos, y algunos casi temerosos, se vuelven mas charladores, y criticones cuando pisan suelo patrio, ya no se está en Canadá donde a veces son ciudadanos de segunda sobreviviendo con trabajos que en Colombia son “indignos¨; son compatriotas que han llegado de “coronar” el Norte, aqui son especiales, conocen el desarrollo, han visto un poco mas el mundo y son rápidos en comparar dos realidades, a veces diametralmente opuestas.

Despues de 5 horas de vuelo, tras la ventanilla del avión se empieza a adivinar la costa Colombiana, y una hora despues, aterrizamos en Bogota, con el siguiente mensaje de uno de los auxiliares de vuelo: “Bienvenidos a Bogotá, capital de Colombia, sede del Paraiso Terrenal …” con la típica tradición Colombiana de aplaudir al piloto (como si se enterara) por haber aterrizado el avión, aunque la verdad, no se sabe si terminará con éxito, porque el avión todavia no ha frenado.

Despues, mi sorpresa por exisitir una fila preferencial para pasajeros con niños pequeños, ancianos, y discapacitados para los trámites de inmigración, lo cual nos permitió saltarnos la fila de unas 400 personas; y los trámites de aduana, que se hacen por cumplir; luego vienen los efusivos saludos, los abrazos, las bienvenidas, el ajetreo de llegar, y por fin, llega el momento de tratar de conciliar el sueño en la cama donde se durmió durante muchos años de infancia y juventud, pero que ahora es incomoda y estrecha.

En la noche, los sonidos de la casa, de la calle, el permanente transitar de autos, las sirenas, el frio que se cuela por las ventanas, y de súbito, la casa familiar se vuelve mas pequeña, la decoración antigua, los objetos familiares traen muchos recuerdos, cosas que uno creía perdidas aparecen, y otras cosas que uno queria recuperar, no aparecen.

A la mañana siguiente, las noticias repiten hasta la saciedad la liberación por parte de la guerrilla de secuestrados que llevaban mas de 5 años pudriendose en la selva, esta vez repitiendo el mensaje, tal vez ensayado por sus captores, que clama la negociación política al conflicto armado y la critica al gobierno por su actitud militarista que ha reducido a la guerrilla a punto de exterminarla.

Y empiezan las vacaciones que no son, ya que no hay descanso; aparte de la falta de sueño por la nueva cama, y la intranquilidad de la chiqui por el nuevo ambiente; empieza el ajetreo de saltar entre invitaciones, almuerzos, cenas, onces, desayunos, y cafés. Aunque es bueno saber que nuestra visita es la razón por la cual la familia y antiguos amigos se reunen de nuevo, alrrededor de la excelente comida, a veces las reuniones se congelan en el tiempo y son iguales que antes de haber emigrado a otro país; se discuten las mismas cosas, los mismos chistes, los mismos recuerdos, pasando nosotros a veces a ser cuasi convidados de piedra, que perfectamente podriamos no estar ahí.

Se recuerdan texturas, olores, sabores, y viviencias. Sorprenden los cambios, y también, la falta de cambio, antiguos lugares familiares son ahora irreconocibles, se reviven situaciones familiares como si no hubiera pasado el tiempo.

A pesar de todos los problemas que lo aquejan, El País del Sagrado Corazón funciona con millones de pequeños milagros diarios, con una inefable fé en el futuro, y con millones de personas que todos los dias trabajan para sobrevivir un dia mas.

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One Reply to “Visitando El País del Sagrado Corazón”

  1. Como son de diferentes las percepciones de las diferentes personas que vuelven.. mucho más de las personas que siguen el país y los ven volver.De todas formas fue muy rico verlos, y saber q están bien!

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